jueves, 11 de abril de 2013

Certificado de Eficiencia Energética Edificios

La Directiva Europea 2002/91/CE obliga a que los edificios puestos en venta o en alquiler dispongan de un Certificado de Eficiencia Energética. Dicha Directiva Europea fue traspuesta parcialmente a la legislación española por el Real Decreto 42/2007 de Certificación de eficiencia energética de edificios de nueva construcción , quedando pendiente la transposición de la calificación energética de los edificios existentes.
 
La calificación energética de un edificio existente, una vez se realice la transposición de la  Directiva 2010/31/UE, se debe realizar mediante la utilización de un programa informático que tenga la consideración de documento reconocido.
 
 El RD de Certificación de Eficiencia Energética de Edificios  Existentes obligará a partir del 1 de junio de este año 2013 a poner a disposición de los compradores o arrendadores de edificios o de parte de los mismos -para alquileres con una duración superior a cuatro meses- un certificado de eficiencia energética del inmueble en su conjunto o de sus viviendas en particular. Una medida que responde a una exigencia comunitaria y llega con muchos meses de retraso.

Como herramienta para facilitar la obtención de estos certificados, por mandato del Ministerio de Industria, Energía y Turismo y del Ministerio de Fomento, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ha elaborado los programas informáticos CE3 y CE3X, ambos publicados como documentos reconocidos a disposición de los técnicos certificadores.

Igualmente, y como actuación ejemplarizante de las Administraciones Públicas, el Real Decreto obliga a que todos los edificios o partes de los mismos, en los que una autoridad pública ocupe una superficie útil total superior a 500 metros cuadrados inicialmente que sean frecuentados habitualmente por el público, dispongan del certificado de eficiencia energética y exhiban su etiqueta de eficiencia energética.

miércoles, 10 de abril de 2013

Hasta 800 sustancias químicas sin control amenazan a nuestras hormonas

Un informe de Naciones Unidas alerta sobre los impactos en la salud de los disruptores endocrinos, unos productos químicos empleados masivamente por la industria y cuyos efectos reales apenas han sido investigados

Hace un año, científicos chinos alertaron de que el rastro de los teléfonos iPhone, las tabletas iPad y las consolas Xbox 360, Wii y PlayStation 3 había aparecido en la leche materna de las mujeres de Shenzhen. Allí se encuentran las gigantescas instalaciones de la empresa china Foxconn, en las que más de 200.000 trabajadores producen piezas para aparatos de Apple, Nintendo y Sony, entre otros. Los investigadores, de las universidades de Pekín y Lanzhou, hallaron en los pechos de las madres locales niveles “relativamente altos” de PBDE, compuestos empleados en las carcasas de plástico de aparatos electrónicos para que no ardan. La exposición de los niños a estas sustancias se ha relacionado con la falta de descenso de los testículos a la bolsa escrotal cuando son adultos, entre otros problemas reproductivos y del sistema nervioso.
 
Los PBDE no están solos. Forman parte de un enorme grupo de sustancias químicas, conocidas como disruptores endocrinos, relacionadas con cánceres de mama, de próstata y de tiroides, y también con problemas en el desarrollo infantil, como la hiperactividad, el déficit de atención y algunos trastornos neurológicos.
Son componentes de pesticidas, cosméticos, plásticos, pinturas, detergentes industriales, anticonceptivos hormonales y un sinfín de sustancias químicas liberadas sin control al medio ambiente y capaces de alterar la salud de los seres humanos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) han publicado el informe más completo hasta la fecha sobre estos disruptores endocrinos.
 
El informe, muy alarmante, señala que unas 800 sustancias químicas son capaces, o al menos sospechosas, de perturbar el sistema endocrino, el conjunto de órganos de nuestro cuerpo que producen hormonas, como ovarios, testículos, tiroides y páncreas.

Según subraya el informe, “la gran mayoría de los productos químicos de uso comercial en la actualidad no se ha probado en absoluto”. Hay cientos de miles de sustancias químicas sintéticas en uso, y muchas de ellas ni siquiera son identificadas por los fabricantes en sus etiquetas, así que los expertos de la OMS y el PNUMA advierten de que sólo se ve “la punta del iceberg”.

El documento relaciona la creciente presencia de enfermedades endocrinas en el mundo con la masiva liberación de estas sustancias químicas al medio ambiente. Los autores señalan, por ejemplo, que en algunos países más del 40% de los hombres jóvenes tiene semen de baja calidad, lo que reduce su capacidad para tener hijos. El número de niños prematuros y con bajo peso al nacer también ha aumentado en muchos países. Y la incidencia de malformaciones genitales, como testículos que no descienden hasta la bolsa escrotal, también ha crecido. Asimismo, se ha detectado un desarrollo más temprano de los pechos en las chicas de todos los países estudiados, lo cual es un factor de riesgo para el cáncer de mama.

La exposición a disruptores endocrinos es más peligrosa durante el embarazo


Detrás de esta epidemia de trastornos endocrinos se encontraría la exposición a estos productos químicos, como demuestran pruebas en laboratorio, pero también otro cóctel de factores, como la alimentación, las enfermedades víricas y la edad de las madres.

Los autores del documento piden medidas para reducir la exposición a estos contaminantes y recuerdan las prohibiciones y restricciones de otras sustancias químicas, como el plomo, el insecticida clorpirifós, el pesticida tributyltin y los PCB, aislantes de equipos eléctricos que afectan al desarrollo intelectual de los niños. Estas restricciones disminuyeron la aparición de los problemas asociados a estos productos químicos tanto en la salud de las personas como en el medio ambiente. La UE también ha actuado contra algunos disruptores endocrinos, como el bisfenol A, que se utilizaba en el plástico policarbonato de los biberones hasta 2011.

 

martes, 9 de abril de 2013

El mágico ciclo del carbono

Este es un artículo escrito por Joel Sangronis Padrón


Uno de los elementos esenciales en la conformación del universo es el carbono, de hecho es el cuarto elemento más abundante en el cosmos, y como tal, ha estado presente en nuestro planeta desde su formación. El carbono es uno de los elementos fundamentales para la vida. Si excluimos el agua, los tejidos de todos los seres vivos están conformados en más de un cincuenta por ciento por moléculas de carbono.

Somos polvo de estrellas
que piensa acerca de las estrellas.
(Carl Sagan)

Una de las leyes básicas de la física (Primer Principio de la Termodinámica) reza que ni la materia ni la energía se destruyen, sólo se transforman. Al ser la Tierra un sistema cerrado, toda la materia (orgánica e inorgánica) que existe en nuestro planeta es, básicamente, la misma que existía hace 3.500 millones de años cuando se inició la vida en nuestro pequeño y azulado hogar cósmico.

Las plantas, a través de la fotosíntesis, son los únicos seres vivos que tienen la extraordinaria capacidad de tomar el carbono que existe en la atmósfera, combinándolo con el agua, y la luz proveniente del sol, para transformarlo en materia orgánica (celulosa, azúcares y almidones). Esta materia orgánica va a constituir la base de todas las cadenas alimenticias que sustentan la vida en la tierra. Este es el milagrosos principio de absolutamente todas las cadenas tróficas de nuestro planeta, el origen del ciclo del carbono y la base de todo lo vivo. Mediante una cadena de maravillosas reacciones se transforma lo inerte, lo químico, la luz, el dióxido de carbono en….¡vida!


Los átomos de carbono que las plantas toman del aire para realizar la fotosíntesis se hacen parte de todas y cada una de sus moléculas orgánicas, y al ser estas ingeridas por un herbívoro (incluyendo por supuesto al ser humano) se hacen parte a su vez de ese otro ser vivo.
Si este consumidor primario sirve de alimento a un depredador, o incluso a un carroñero, sus moléculas de carbono son incorporadas a los tejidos de estos últimos, pero como los tejidos de todos los seres vivos se están oxidando y reciclando en forma constante, regresando incesantemente al medio que nos rodea, siendo sustituidas por nuevas moléculas de carbono provenientes de los procesos biológicos de otros seres vivos, tenemos entonces que las moléculas de cada ser vivo fueron en otro momento parte de otros seres vivos
.
Las moléculas de los cuerpos de cada ser humano que existe hoy integraron, en otro tiempo, los cuerpos de dinosaurios y gigantescos cedros del Líbano, de soberbios tigres de Bengala y de humildes bacterias microscópicas, de delicadas mariposas monarca y de colosales ballenas azules. Las moléculas que conforman nuestros tejidos un día formaron parte de las manos con que Juan el Bautista derramó agua sobre la cabeza del Cristo; fueron parte del cuerpo del caballo del profeta Mahoma y de la higuera que cobijó a Shidartha cuando este transitaba el camino hacia la paz perfecta del nirvana. Bien sabía de lo que hablaba Jesucristo cuando tomando pan (carbohidratos) y vino (azúcares fermentados) dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.

Los átomos que conforman nuestros cuerpos en algún momento volaron sobre las cumbres nevadas de los Andes y los Himalayas, habitaron los oscuros y frios abismos del fondo de los océanos y fueron parte y todo del inmenso mar de vida que es la Amazonia.

Algunas de nuestras moléculas orgánicas estuvieron, durante millones de años, sepultadas en capas geológicas en forma de petróleo y carbón; cuando estos hidrocarburos fueron extraídos y quemados fueron respirados por plantas quienes las convirtieron en azúcares y almidones, mismos que ingerimos en nuestros cotidianos desayunos y que volvimos parte de nosotros al digerirlos.

 Ya el viejo Walt Whitman lo entendió mucho antes que cualquier científico cuando en su monumental poema Hojas de Hierba dijo: “Me canto y me celebro, y me celebro y me canto, y si me canto y me celebro, es porque te celebro y te canto, porque cada átomo que te pertenece me pertenece, porque tu y yo somos la misma cosa”.

Nuestro cuerpo está hecho de polvo de estrellas. Al principio de los tiempos, en los hornos estelares, las cenizas del hidrógeno proveniente de la gran explosión primigenia se convirtieron en los primeros átomos de carbono, mismos que posteriormente darían origen a la vida en la Tierra.

 De las estrellas venimos y a ellas algún día, cuando nuestro sol convertido en un gigante rojo queme a la Tierra, deberemos regresar. Así lo visualizó con su sensibilidad de místico y poeta el Padre Ernesto Cardenal cuando en su cántico cósmico dijo:

¿Qué hay en una estrella?
Cumulo de estrellas
Nosotros mismos.
Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta
Estuvieron en las entrañas de una estrella.
¡Somos polvo de estrellas!

El famoso astrofísico Neil de Grasse también lo ha expresado con hermosas palabras: “Muchos, al mirar las estrellas, se sienten diminutos porque el universo es inmenso. Yo me siento enorme porque todos los átomos que me forman vinieron de esas estrellas”.

En cada ser que habita en la tierra late el alfa y omega de la vida; cada planta, cada animal, cada bacteria es principio y fin, la parte y el todo de la maravillosa y mágica trama de la vida.

Cuando defendemos las otras formas de vida que existen en la Tierra estamos defendiendo lo que ayer fuimos y mañana seremos. La vida es una sola, ella fluye y palpita, nace y se consume para de nuevo renacer en una trama eterna y sagrada de la que el ser humano es apenas una parte y sobre la que no tenemos derecho alguno a alterar o destruir.




Esta entrada participa en el XXIV Carnaval de la Química alojado en el blog el zombi de Schrödinger